viernes, 4 de enero de 2008



Ilustra un artículo II
¿Piensan los jóvenes?


Autor: Jaime Nubiola
Profesor de FilosofíaUniversidad de Navarra
Fecha: 20 de noviembre de 2007
Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)



La impresión prácticamente unánime de quienes convivimos a diario con jóvenes es que, en su mayor parte, han renunciado a pensar por su cuenta y riesgo. Por este motivo aspiro a que mis clases sean una invitación a pensar, aunque no siempre lo consiga. En este sentido, adopté hace algunos años como lema de mis cursos unas palabras de Ludwig Wittgenstein en el prólogo de sus Philosophical Investigations en las que afirmaba que "no querría con mi libro ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimularles a tener pensamientos propios".


Con toda seguridad este es el permanente ideal de todos los que nos dedicamos a la enseñanza, al menos en los niveles superiores. Sin embargo, la experiencia habitual nos muestra que la mayor parte de los jóvenes no desea tener pensamientos propios, porque están persuadidos de que eso genera problemas. "Quien piensa se raya" -dicen en su jerga-, o al menos corre el peligro de rayarse y, por consiguiente, de distanciarse de los demás. Muchos recuerdan incluso que en las ocasiones en que se propusieron pensar experimentaron el sufrimiento o la soledad y están ahora escarmentados. No merece la pena pensar -vienen a decir- si requiere tanto esfuerzo, causa angustia y, a fin de cuentas, separa de los demás. Más vale vivir al día, divertirse lo que uno pueda y ya está.


En consonancia con esta actitud, el estilo de vida juvenil es notoriamente superficial y efímero; es enemigo de todo compromiso. Los jóvenes no quieren pensar porque el pensamiento -por ejemplo, sobre las graves injusticias que atraviesan nuestra cultura- exige siempre una respuesta personal, un compromiso que sólo en contadas ocasiones están dispuestos a asumir. No queda ya ni rastro de aquellos ingenuos ideales de la revolución sesentayochista de sus padres y de los mayores de cincuenta años. "Ni quiero una chaqueta para toda la vida -escribía una valiosa estudiante de Comunicación en su blog- ni quiero un mueble para toda la vida, ni nada para toda la vida. Ahora mismo decir toda la vida me parece decir demasiado. Si esto sólo me pasa a mí, el problema es mío. Pero si este es un sentimiento generalizado tenemos un nuevo problema en la sociedad que se refleja en cada una de nuestras acciones. No queremos compromiso con absolutamente nada. Consumimos relaciones de calada en calada, decimos "te quiero" demasiado rápido: la primera discusión y enseguida la relación ha terminado. Nos da miedo comprometernos, nos da miedo la responsabilidad de tener que cuidar a alguien de por vida, por no hablar de querer para toda la vida".


El temor al compromiso de toda una generación que se refugia en la superficialidad, me parece algo tremendamente peligroso. No puede menos que venir a la memoria el lúcido análisis de Hannah Arendt sobre el mal. En una carta de marzo de 1952 a su maestro Karl Jaspers escribía que "el mal radical tiene que ver de alguna manera con el hacer que los seres humanos sean superfluos en cuanto seres humanos". Esto sucede -explicaba Arendt- cuando queda eliminada toda espontaneidad, cuando los individuos concretos y su capacidad creativa de pensar resultan superfluos. Superficialidad y superfluidad -añado yo- vienen a ser en última instancia lo mismo: quienes desean vivir sólo superficialmente acaban llevando una vida del todo superflua, una vida que está de más y que, por eso mismo, resulta a la larga nociva, insatisfactoria e inhumana.De hecho, puede decirse sin cargar para nada las tintas que la mayoría de los universitarios de hoy en día se consideran realmente superfluos tanto en el ámbito intelectual como en un nivel más personal. No piensan que su papel trascienda mucho más allá de lograr unos grados académicos para perpetuar quizás el estatus social de sus progenitores. No les interesa la política, ni leen los periódicos salvo las crónicas deportivas, los anuncios de espectáculos y algunos cotilleos. Pensar es peligroso, dicen, y se conforman con divertirse. Comprometerse es arriesgado y se conforman en lo afectivo con las relaciones líquidas de las que con tanto éxito ha escrito Zygmunt Bauman.




Resulta muy peligroso -para cada uno y para la sociedad en general- que la gente joven en su conjunto haya renunciado puerilmente a pensar. El que toda una generación no tenga apenas interés alguno en las cuestiones centrales del bien común, de la justicia, de la paz social, es muy alarmante. No pensar es realmente peligroso, porque al final son las modas y las corrientes de opinión difundidas por los medios de comunicación las que acaban moldeando el estilo de vida de toda una generación hasta sus menores entresijos. Sabemos bien que si la libertad no se ejerce día a día, el camino del pensamiento acaba siendo invadido por la selva, la sinrazón de los poderosos y las tendencias dominantes en boga.


Pero, ¿qué puede hacerse? Los profesores sabemos bien que no puede obligarse a nadie a pensar, que nada ni nadie puede sustituir esa íntima actividad del espíritu humano que tiene tanto de aventura personal. Lo que sí podemos hacer siempre es empeñarnos en dar ejemplo, en estimular a nuestros alumnos -como aspiraba Wittgenstein- a tener pensamientos propios. Podremos hacerlo a menudo a través de nuestra escucha paciente y, en algunos casos, invitándoles a escribir. No se trata de malgastar nuestra enseñanza lamentándonos de la situación de la juventud actual, sino que más bien hay que hacerse joven para llegar a comprenderles y poder establecer así un puente afectivo que les estimule a pensar.





















Premio World Press Photo 2005: Finbarr O´reilly


BIOGRAFÍA:


Finbarr O´Reilly se introdujo en el mundo del periodismo en el año 1998 escribiendo para un periódico nacional en Canadá. Tras unos años de dedicación al mundo de las letras decidió abandonar Norte América en 2001 para comenzar a trabajar como corresponsal en Kinshasa, el Congo, para la agencia de noticias Reuters.
Recibió un premio canadiense de Excelencia en el Periodismo por un artículo en una revista de Ruanda, y fue productor asociado de una película documental en el Congo que ganó una Medalla de Oro en el Festival Internacional de Cine y Televisión de Nueva York.
En el año 2005 es cuando decide entregarse por completo a la fotografía cubriendo todo el África occidental y central sirviendo a la agencia Reuters, trabajando en la sede que la agencia tiene en Dakar, Senegal, donde sigue trabajando hoy en día.

El periodista decidió entregarse a la fotografía cuando escribía como corresponsal para Reuters en el Congo o Ruanda, donde prácticamente no existían fotógrafos que retrataran la realidad de aquellos países. Fue en este momento cuando el canadiense vió la oportunidad de dedicarse a ello por completo y aparcar su entrega por las letras. Tras un mes en Darfur escribiendo y tomando fotos y comparando el impacto que ambos medios tenían se decidió a intentar informar al mundo con la fotografía. De esta forma puede decirse que Finbarr O´reilly ha aprendido de forma autodidacta, pero también con otros compañeros e incluso con rivales de otras agencias, según afirma él mismo.

En ese mismo año fue galardonado con el World Press Photo del año por su fotografía de una madre con su hijo en un centro de alimentación en Níger en 1 de agosto de 2005: foto sobre la desnutrición en Nigeria que simboliza, según el autor, el silencio de las personas más desamparadas de ese país.


Primer premio del World Press Photo 2005



TRABAJO ESCRITO DEL AUTOR:

Finbarr O´reilly ha trabajado y colaborado en muchas revistas y periódicos entre los que destaco a continuación con su correspondiente enlace para consulta de quien guste:


AFGANOS REVISTA:
La caza de los talibanes: http:77www.alertnet.org/thenews/newsdesk/L16760750.htm

Horror de Kenya Airways hits accidente cerca de Inicio: http://www.alertnet.org/thenews/newsdesk/L12262722.htm

La esperanza florece en la sonrisa de los niños Kinshasa poliomielitis: http://today.reuters.co.uk/news/CrisesArticle.aspx?storyId=L28722655&WTmodLoc=World-R5-Alertnet-5




TÉCNICA:

Puesto que Finbarr O´reilly es un fotoperiodista recién estrenado (no lleva más que dos años entregado por completo a este oficio), no puede decirse que exista en su carrera un período de afianzamiento aún. A pesar de ello el canadiense ha obtenido en su primer año de dedicación nada menos que un Primer Premio World Press Photo, con lo que puede situarse en los primeros puestos de los mejores fotógrafos de la actualidad. O´reilly trata con sus fotos de mostrar una realidad que al mundo occidental se le escapa por estar tan encerrado en su mundo diario, y porque, como dice él mismo, “África se encuentra muy lejos de todo lo demás”.
O´reilly aprendió por su propia cuenta el arte de la fotografía impulsado por el impacto visual y la capacidad de llegar allá donde las letras no son capacez de llegar de la fotografía.

Su fotografía tiene como tema central el desconocido escenario del tercer mundo que tiene lugar en el África más desamparada de todas (lugares como el Congo o Ruanda). Se trata de instantáneas que reflejan una realidad muy distinta a la hasta ahora conocida, llena de significado y sentimiento.
Muchas fotografías de su obra son retratos de personas que viven en situaciones límite, como las capturadas en Afganistán (julio-octubre de 2007), en las que una serie de rostros diferentes son protagonistas de la mayoría de sus fotografías. Gracias a su humanidad y su capacidad de llegar hasta lo más humano de la persona, O´reilly fotografía tanto a potentes soldados con mirada triste y humanizada como a civiles que lo han perdido todo y miran desafiantes a la cámara. Una forma de decir que, al fín y al cabo, todos somos iguales por dentro;


soldado y niño. Año 2007


y gracias al uso concreto de la luz (en su mayoría natural y lateral)y la perspectiva (llama la atención su uso del contrapicado para ciertos personajes) O´reilly consigue una profundidad particular para sus instantáneas.

Tribu del Congo bailando


Elecciones en Mauritania, año 2007


Reglas de la composición:

Sencillez: las fotografías del canadiense poseen una expléndida magia gracias entre otras cosas a su llamativa sencillez. Por poner un ejemplo, el mismísimo presidente del jurado del Premio World Press Photo ha descrito la instantánea de O´reilly titutalda “Madre e hijo en un centro de alimentación de emergencia de Tahoua, Níger”(fotografía ganadora en el año 2005), de la siguiente manera: “Lo tiene todo: belleza, horror y desesperación. Es simple, elegante y dinámica”.
Al hacer un rápido recorrido por su obra nos damos cuenta de que el canadiense hace un uso muy particular de la simplicidad. Teniendo en cuenta la razón por la que decidió cambiar las letras por las imágenes, no es de extrañar que esta regla en particular sea uno de los puntos fuertes del fotógrafo: Menos es más. Las imágenes transmiten más cuanto más sencilla es la fotografía; y así podemos comprobarlo en su obra: la mayoría de sus fotos contienen una sola figura en su interior que a su vez dice mucho más de lo que podamos imaginar: un rostro, un gesto, una mano, una mirada...

Mujer trabajando recogiendo sal


Líneas: a lo largo de la obra de O´reilly pueden encontrarse muchas imágenes que respondan a esta regla, siempre y cuando sea necesaria para transmitir unidad y solidez a la instantánea. Hay fotografías en la que utiliza las líneas para llevar nuestra mirada al motivo central; en otras ocasiones -como en una de las fotografías que tomó en Mauritania en días de elecciones del año 2007- la utiliza para mostrar la profundidad del desierto en el que se encuentra la persona que camina hacia el lugar de votación: http://www.finbarroreilly.com/?s=28&t=details&l=15

En cuanto al resto de reglas -regla de los tercios, equilibrio, relación fondo-figura - puede apreciarse un cuidado detallado en su cumplimiento, si bien en ocasiones las circunstancias en las que trabaja le impiden llevar a cabo algunas de ellas, lo cual contrarresta con su dparticular uso de la perspectiva y las luces y sombras, como ya apuntaba anteriormente.

Soldado en un ataque

Reflejos























Los reflejos son efímeros, son simples imágenes de mentira que permanecen ante nuestras retinas durante un tiempo, un corto período de tiempo en que nos parece que lo que vemos es real. Aunque realmente no lo sea. Los reflejos forman parte de ese mundo abstrato que está dentro de nosotros, como los sueños o como los recuerdos: no son materiales, no podemos olerlos ni tocarlos... pero existen. Un mundo que vive en nuestras almas es el lugar de estas visiones en las que nos fijamos raras veces. Realidad reflejada. No es más que una realidad paralela al vivir de cada día; una imaginación de nuestra vista así como nuestras mentes imaginan.
Tratar de fotografiar este mundo es algo totalmente distinto a lo realizado hasta ahora. Se trata de tomar imágenes de algo que realmente no existe. ¿ómo podemos hacer esto? solo se me ocurre responder que con visión fotográfica... y con imaginación. Una imaginación que supere la pobre realidad de cada día y nos ayude a imaginar que existe un mundo del revés, o un mundo abstracto si lo prefieren, pero otro mundo al fín y al cabo. Y, ¿no es esto lo que hoy en día busca el ser humano constantemente? Las guerras, el hambre, las enfermedades... Todo esto pide a gritos una realidad paralela a la que ven ante sus ojos; una realidad que se parezca a la cotidiana solo superficialmente, pero que tenga un fondo enteremente distinto, con otro corazón y otra alma...
Se trata de saber mirar a nuestro alrededor como un buen retratista acierta al captar el ánimo de su retratado, como un buen actor expresa los sentimientos de su personaje... Todo un mundo interior escondido tras una máscara de realidad.

No importa que sea abstracto, no importa que no se comprenda, no importa que sea irreal... lo que importa es que pese a todo ello los reflejos existen, y solo por eso, así como los sentimientos y las esperanzas, son dignos de ser fotografiados con nuestras cámaras.